He Aceptado al Señor Jesús ¿y Ahora Qué? Primeros Pasos

He aceptado a Jesús como mi Señor y mi Salvador, al principio todos nos preguntamos ¿y ahora que debo hacer?

Todo nuevo creyente debe tener muy claro todo lo que expondremos a continuación en este artículo.
Seremos concretos ya que el objetivo no es entretener más bien es edificarle y darle las herramientas correctas para empezar con pie derecho este maravilloso camino verdadero de vida eterna junto a nuestro Salvador.

Importante recalcar que usted como creyente debe saber seguir la sana doctrina y - Escudriñar Todo - No caiga en engaños ya que lo que esta en la mesa es su propia vida.

Antes de empezar ore, pídale al Padre Celestial que lo guíe a través de Su Espíritu Santo. 

Ahora ponga atención y gócese porque el Señor le dará grandes bendiciones, empezamos!

Jesús le dio la clave a Nicodemo, - debemos de nacer de nuevo - (en Juan 3:1-15)


Jesús y Nicodemo
Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos.

Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él.

Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.

Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?

Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.

Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu,[a] espíritu es.

No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo.

El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu.

Respondió Nicodemo y le dijo: ¿Cómo puede hacerse esto?

Respondió Jesús y le dijo: ¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto?

De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio.

Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales?

Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo.

Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado,

para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Juan 3:1-15 Reina-Valera 1960 (RVR1960)

Vemos que Nicodemo que era un fariseo (religioso de la época) y aun así no sabia estás cosas a ciencia cierta, por lo tanto debemos de saber que la religión no es la que nos salva, si no un encuentro verdadero con el Salvador el cual nos hará nacer de nuevo - cambiamos - muere el antiguo yo - ahora vive Él en nosotros - tenemos un nuevo corazón que busca hacer Su voluntad y no la del antiguo yo.

En Juan 3:1-15 Jesús habla en términos espirituales, por lo tanto lo que necesitamos son los elementos espirituales correctos para crecer y nutrirnos.

Pero para que tengas este verdadero cambio necesitas esforzarte, necesitas creer y dar pasos de fe - pasos correctos - y recuerda como eres un bebe necesitas dar estos pasos de la mano de tu Padre.

Si eres un recién nacido necesitarás alimento para crecer, necesitaras el cuidado de tu Padre quien envía a sus ángeles para que estés protegido, también vas a necesitar a tus hermanos mayores que te ayudarán y sobre todo necesitarás al Espíritu Santo quien será tu guía definitivo hasta que llegues a la madures y puedas ser de bendición para otros pequeños bebes.

¿Que pasa si no hago lo correcto?

Imagínate que dejas de alimentarte completamente, - o parcialmente - dejas de comer alimentos saludables - tal vez aguantes un poco de tiempo pero luego te sentirás débil, empezaras a comer lo que pilles porque tienes el estomago vació, posiblemente comas basura y ello te lleve a enfermedades que incluso te pueden causar la muerte. Así mismo es el recién nacido en Cristo, espiritualmente debe alimentarse correctamente, porque a Dios no le gusta el desorden, Él todo lo hace perfecto y por eso ha dispuesto claramente el estilo de vida saludable que debe llevar un cristiano para estar fuerte he ir creciendo para hacer Su voluntad, y así no morir más bien vivir eternamente.

Como hemos dicho antes - seremos concretos y directos en este articulo - ahora que ya entiendes sobre el tema, estás son las preguntas más comunes que se hace todo creyente en un principio y que debes saber y poner en práctica lo antes posible para llevar la vida que Dios ha dispuesto para nosotros.

Primeros Pasos de una Vida Cristiana. A continuación 18 Preguntas y Respuestas que le ayudaran en los Primeros Pasos de su Nueva Vida en Cristo.

La Bienaventuranza de Congregarnos en Una Iglesia

El deber de todo cristiano nacido de nuevo es el de congregarse en una iglesia cristiana cercana a su domicilio. Dios estableció a los pastores como sus ministros para entregar al pueblo redimido congregado en una iglesia la Palabra que instruye, exhorta, redarguye y enseña. Además en el libro de Hebreos 10:25 se nos exhorta a no dejar de congregarnos como algunos tienen por costumbre.

Conjuntamente con el mandato de no dejar de asistir a la iglesia, encontramos una hermosa bienaventuranza que proviene del convivio de los hermanos en la misma fe. El rey David en el Salmo 133 declara de una forma poética la bendición que implica el estar congregados en una iglesia. El Salmista comienza diciendo que es bueno y delicioso el habitar los hermanos juntos en armonía. ¿Por qué? Porque es como el buen óleo, el aceite de la unción que representa al Espíritu Santo descendiendo sobre Aarón, la figura sacerdotal. Este óleo no solo se queda sobre “Aarón”, ósea el ministro, sino que baja hasta el borde de sus vestiduras, implicando que esa misma unción llena a toda la congregación de los santos reunidos en unidad y armonía en la iglesia. Además lo compara al rocío de Hermón que desciende sobre los montes de Sion, haciendo David alusión a esos altos montes de Israel que al recibir el rocío acumulaban grandes cantidades de agua que le permitían refrescar toda la tierra abajo. De igual forma, el rocío espiritual, la Presencia del Dios todopoderoso, descenderá, llenara los corazones, y saciara la sed espiritual de los asiduos creyentes reunidos en su presencia.

El salmista encierra su precioso poema enfatizando lo importante de reunirse o congregarse con una brillante declaración: “Porque allí envía Jehová bendición, y vida eterna.”

El Bautismo en Aguas

El bautismo en aguas es un mandamiento que el Señor Jesús mando a realizarse después que una persona lo recibe a Él como Señor y Salvador. El evangelio de Marcos en el capítulo 16:15-16 registra que antes que el Señor Jesús ascendiera al cielo dijo a sus discípulos: “y les dijo: id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; más el que no creyere, será condenado.”

En esta escritura de Marcos no solo vemos el mandamiento hecho por nuestro Señor para que lo obedezcamos. También entendemos en esta cita bíblica que Jesús nos enseñó cuando y como debe ser el bautismo.

Primero: Él dejó claro que el bautismo debe hacerse después que una persona comprende y reconoce que es pecador, que necesita salvación y perdón de sus pecados. Después de su confesión de fe, recibiéndolo a Él como Señor y Salvador, el segundo paso es el bautismo en aguas.

Segundo: Él mismo nos dejó su ejemplo de cómo debe realizarse el bautismo, pues Él vino a Juan el Bautista para ser bautizado en el rio Jordán. Por lo que entendemos que el bautismo debe ser por sumersión.

El bautismo en aguas es un simbolismo. Cuando se sumerge a la persona en las aguas bautismales se está diciendo que murió al pecado, murió a su vieja forma de vivir cuando andaba en desobediencia a la ley de Dios. Al levantarse de las aguas esta misma persona está enfatizando que resucito a una nueva vida con Cristo.

El bautismo solo, en sí mismo, no nos salva. La salvación es por fe en Jesús el Hijo de Dios. Pero el bautismo es un requerimiento del Señor, el cual debemos cumplir en obediencia a su mandato.

«Porque la mano de Dios me ha tocado» (Job 19.21b).

Éxodo 15.26c declara: «porque yo soy Jehová tu sanador» (énfasis añadido por el autor). La palabra sanador proviene del hebreo rapha, que significa «curar, sanar, enmendar, restaurar la salud»; su participio rophe, «aquel que sana», es la misma palabra hebrea que se usa para doctor. Aunque el verbo rapha denota principalmente la sanidad física, también se puede aplicar para la sanidad de cualquier necesidad que la persona tenga, sea emocional, mental o cualquier otra, aunque el énfasis de la palabra rapha es para sanidad física. El Señor quiere que nosotros estemos sanos en todas las áreas de nuestra vida. Usted fue llamado a vivir sanamente para servir a Cristo y llevar una calidad de vida que refleje al Dios que usted conoce y testifica.

Una hermana que era muy dedicada al servicio del Señor, después de un largo tiempo de enfermedad recibió sanidad y comentó con su pastor: «Yo tengo un pajarito que todas las mañanas canta afuera de mi ventana muy temprano; mientras yo estuve enferma, él me daba serenatas». La mujer, con una bella sonrisa en sus labios continuó su testimonio: «A mí me gusta este pajarito porque él siempre canta en los días de lluvia, cuando la tormenta hace callar a la mayoría de los otros pájaros, él continua entonando su bella melodía». Esta es la actitud correcta de una persona que enfrentó molestias físicas y esperó, por fe, que la sanidad llegará. Si el sencillo canto de un pajarito, que estoy seguro fue proporcionado por Dios, pudo traer paz y consuelo a esta hermana durante su tiempo de enfermedad, cuánto más la mano del Dios Todopoderoso le ayudará a superar esta fase de sufrimiento. La voluntad del Padre celestial es siempre sanar. El Señor hará que cese la tormenta de su enfermedad y le proporcionará gozo y tranquilidad al contestar su oración, por fe, en cuanto a la sanidad que usted necesita.

Jeremías 33.6 también dice: «He aquí que yo les traeré sanidad y medicina; y los curaré, y les revelaré abundancia de paz y de verdad». El deseo del corazón de Dios es que usted sea sanado, sea físicamente de todas sus enfermedades, sea emocionalmente de sus heridas interiores, sea mentalmente de todo problema que usted pueda tener. Dice que Él traerá estas bendiciones a su vida, al darle paz y consuelo; la medicina que Dios aplica es de ámbito espiritual, Su poder puede quitar la tribulación y angustia que usted está pasando y llevarle a recibir, por la fe, toda sanidad que está disponible en la Palabra de Dios. Esta es su promesa, usted debe creer, por fe, que será hecho.

Tomado del libro “La Fe que Mueve la Mano de Dios” por Josue Yrion. (p. 57-59) 

¿Quién es el Espíritu Santo? Las Escrituras nos dicen claramente quién es LA PERSONA del Espíritu Santo, Su mover, Su propósito, Sus formas y expresiones diferentes de actuación. Entonces, ¿quién es el Espíritu Santo?

Hechos 5:3,4 dice: «Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios.»

La palabra dice claramente que Ananías no había mentido a alguien más, sino a Dios, por lo tanto el Espíritu, es DIOS. No solamente Él es una persona, sino que es una persona única, porque también Él es Dios. Las pruebas de Su personalidad no son necesariamente las de Su Deidad, pero las pruebas de Su Deidad son siempre pruebas de Su personalidad. Si Dios es una persona, (como lo es) y si el Espíritu es también Dios, (como lo es) entonces también el Espíritu es una persona, así como Dios lo es.

A. Él es igual a Dios

Isaías 48:16c «…y ahora me envió Jehová el Señor, y su Espíritu».

1 Corintios 2:10 «Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu, porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios».

B. Él es el Espíritu de Jehová

Jueces 15:14 «…pero el Espíritu de Jehová vino sobre él…».

C. Él ha inspirado las Escrituras

2 Pedro 1:21 «porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.»

D. Él es el Señor

2 Corintios 3:18 «Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.»

E. Él revela los propósitos de Dios

Lucas 2:26 «Y le había sido revelado por el Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Ungido del Señor.»

F. El Señor es el Espíritu

2 Corintios 3:17 «Porque el Señor es el Espíritu…».

G. Es el Espíritu de Dios

Génesis 1:2 «…y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas».

H. Él fue enviado desde el cielo

1 Pedro 1:12 «…administraban las cosas que ahora os son anunciadas por los que os han predicado el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo…».

Podemos ver por estas Escrituras que el Espíritu Santo es el Señor, es Dios, es igual a Dios y es el Espíritu de Dios. La prueba de Su Deidad es contundente.


Tomado del libro “Espíritu Santo Necesito Conocerte Más Vol. 1” por Josue Yrion. (p. 19-20) 

1 Corintios 15.55-57

«¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo».

El Salmo 130.3 cita: «JAH, si mirares a los pecados, ¿quién, oh Señor, podrá mantenerse?» La palabra «pecado» aquí en hebreo es «avon», que significa maldad, falta, iniquidad, culpa y culpabilidad. También se refiere a una enfermedad moral, y a la perversión. «Avon» proviene de «avah», que significa «doblar» o «distorsionar». Por lo tanto el pecado constituye una «inclinación malvada», o una «distorsión» en la vida de los seres humanos. «Avon» aparece más de 220 veces en el Antiguo Testamento. Su primera mención está en Génesis 4.13 donde Caín finalmente comprende la magnitud de su acción y declara: «Grande es mi castigo [pecado] para ser soportado». El conocimiento de este pecado es algo demasiado pesado de sobrellevar para la humanidad caída. Por esto Dios prometió que el Siervo Sufriente, el Señor Jesucristo, llevaría las iniquidades de su pueblo (Isaías 53.11, 12). Cristo al morir en la cruz del Calvario nos redimió de nuestros pecados y cumplió esta Escritura de Isaías venciendo al diablo y sus demonios mediante su victoria en la Cruz. Y por lo tanto, Él alcanzó la victoria final y definitiva por medio de su resurrección de los muertos, (Col. 2.12-15).

Por la desobediencia de Adán vino el pecado, por el pecado vino la enfermedad, y por la enfermedad vino la muerte. Desde entonces la humanidad está bajo el poder, el control y la maldición del pecado, de la enfermedad y de la muerte. Cuando Cristo vino, Él destrozó por medio de su muerte en la cruz del Calvario y por la resurrección de los muertos, el pecado, la enfermedad y la muerte. Usted y yo ya no necesitamos más estar bajo el dominio y el control de estos «tres gigantes», pues el Señor Jesucristo ya los venció con su sangre y poder. Para el resto de la humanidad, aquellos que no conocen a Cristo como su Salvador y Señor, los no cristianos, o no creyentes, ellos todavía están bajo el poder, el dominio y el control de estos «tres monstruos» que son invencibles, excepto por el sacrificio de Cristo en la cruz. Fuera de Cristo no hay escape, ni salvación ni victoria de las garras de estos tres «titanes poderosos » de la «destrucción», el pecado, la enfermedad y la muerte. Nada ni nadie pudo, puede ni podrá vencerlos, solamente el Señor Jesucristo lo hizo una sola vez y para siempre (Hebreos 9.12-15).

El corazón del hombre está lleno de maldad desde su nacimiento hasta su muerte dice la Palabra de Dios, pues al no conocer al Creador y estar en «falta» delante de Dios, por no buscarle, acarrea para si juicio, por medio de la «iniquidad» que comete a diario. La «culpa» de su corazón no puede ser aliviada con meros esfuerzos humanos al intentar llenar este vacío con el trabajo, o el sexo, o la bebida, o el dinero, o la música, o la diversión, o la droga, o viajes, etc., o cualquier otra cosa, pues su problema es interno, es de su espíritu, es de su alma, es de su corazón. Por esto el hombre vive en una «enfermedad moral» en cuanto a la ética en su vida familiar, profesional, personal, pública o privada, que lo ha llevado a la «perversión» de sus sentidos espirituales perdiendo así toda la sensibilidad por las cosas de Dios, pues sus caminos están «doblados» y su vida «torcida», porque sus «inclinaciones» proceden de su corazón que está negro, alejado de Dios y perdido.

Cristo mismo dijo que es del corazón del hombre que procede todo tipo de maldad. Por lo tanto, el hombre vive engañado por el diablo, que es el «maestro» de la mentira, el que tiene la habilidad de hacer y de presentar una mentira como si fuera una verdad y de presentar una verdad como si fuera una mentira. Esto fue lo que él hizo al engañar a Adán y Eva en La victoria sobre el pecado y la tentación el principio. Él emplea las artimañas del error con eficacia y destreza, capaz de llevar a millones de millones de personas a la perdición final por el mero hecho de usar las armas del engaño y de la mentira con tal efectividad que aquellos que están bajo el pecado, ni aún se dan cuenta que están camino a la destrucción. El diablo siempre le mostrará lo bello, lo hermoso y lo placentero del pecado, pero él nunca le enseñará lo que está escondido detrás de la cortina; el horror y el dolor de la enfermedad que viene después y nunca le mostrará la muerte tanto física como espiritual como consecuencia final de la rebelión en contra de lo establecido por Dios en su Palabra.

Tomado del libro “La Vida Espiritual Victoriosa” por Josue Yrion. (p. 65-67) Todos derechos reservados.

¿Que es el Temor de Dios?
1 Juan 5.4, 5 «Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?»

En Éxodo 1.17 está escrito: «Pero las parteras temieron a Dios, y no hicieron como les mandó el rey de Egipto, sino que preservaron la vida a los niños». El temor a Dios no es sinónimo de terror, porque Él esté en contra nuestra o vaya a castigarnos sin causa o aviso alguno. Al contrario, da lugar a sabias y saludables acciones, como en la referencia arriba: Las parteras temían desagradar a Dios al matar a los niños inocentes más de lo que temían desobedecer a faraón de Egipto.

Nosotros los creyentes en Cristo haremos bien al temer al Señor. Nuestra victoria en la vida espiritual depende básicamente de esto. Venceremos al mundo por medio de nuestra fe desde que esta vida espiritual, la cual vivimos exactamente por fe, esté establecida en el temor de Dios, o sea, nuestras palabras, acciones, pensamientos y actitudes, deben estar alineadas y en reverencia de acuerdo con la Palabra de Dios. Las parteras temieron al Señor poniendo en peligro sus propias vidas y no hicieron caso a la orden del rey, sino que hicieron lo que sus conciencias y convicciones espirituales les decía. El primer paso para la victoria en nuestra vida espiritual es temer a Jehová en todas las áreas de nuestras vidas. Dios mismo desea que nosotros tengamos su temor, pues en Deuteronomio 5.29 Él nos hace este llamado: «¡Quién diera que tuviesen tal corazón, que me temiesen y guardasen todos los días todos mis mandamientos, para que a ellos y a sus hijos les fuese bien para siempre!»

Tomado del libro “La Vida Espiritual Victoriosa” por Josue Yrion. (p. 1-2)

En 2 Corintios 10.4 está escrito: «Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas». El ayuno es considerado por todos los ministros que son consagrados al Señor como una de las herramientas y armas de más poder en el arsenal de Dios que está disponible para nosotros. Es cuando tomamos un tiempo en cual nos dedicamos a buscar a Dios en oración y lectura de la Biblia y dejamos de comer.

¿Por qué ayunar?

Muchas son las razones según la Palabra de Dios del porqué debemos ayunar, independientemente de los motivos que veremos más tarde. Por lo tanto, de acuerdo a las Escrituras, algunas de las razones son:

1-Ayunamos en obediencia a Cristo: Mateo 9.15b: «Pero vendrán días cuando el esposo les será quitado, y entonces ayunarán».

2-Ayunamos para humillarnos delante de Dios: Joel 2.12: «Por eso pues, ahora, dice Jehová, convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento».

3-Ayunamos para obtener gracia y poder de Dios en las pruebas: 2 Corintios 6.4, 5: «Antes bien, nos recomendamos en todo como ministros de Dios, en mucha paciencia, en tribulaciones, en necesidades, en angustias; en azotes, en cárceles, en tumultos, en trabajos, en desvelos, en ayunos…».

4-Ayunamos para vencer las tentaciones Lucas 4.1, 2: «Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu al desierto por cuarenta días, y era tentado por el diablo. Y no comió nada en aquellos días, pasados los cuales tuvo hambre».

5-Ayunamos para confesar y ser libres del pecado Daniel 9.3-5: «Y volví mi rostro a Dios el Señor, buscándole en oración y ruego, en ayuno, cilicio y ceniza. Y oré a Jehová mi Dios e hice confesión diciendo: Ahora, Señor, Dios grande, digno de ser temido, que guardas el pacto y la misericordia con los que te aman y guardan tus mandamientos; hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos hecho impíamente, y hemos sido rebeldes, y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus ordenanzas».

6-Ayunamos para apartarnos del pecado Jonás 3.5: «Y los hombres de Nínive creyeron a Dios, y proclamaron ayuno, y se vistieron de cilicio desde el mayor hasta el menor de ellos».

7-Ayunamos para ser sensibles a la necesidad de los demás: Nehemías 1.4: «Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos».

8- Ayunamos a nivel de congregación en unidad: Joel 1.14: «Proclamad ayuno, convocad a asamblea; congregad a los ancianos y a todos los moradores de la tierra en la casa de Jehová vuestro Dios, y clamad a Jehová» (Ver Joel 2.15

9-Ayunamos para pedir ayuda al Señor en la guerra espiritual: 2 Crónicas 20.3, 4: «Entonces él tuvo temor, y Josafat humilló su rostro para consultar a Jehová, e hizo pregonar ayuno a todo Judá. Y se reunieron los de Judá para pedir socorro a Jehová; y también de todas las ciudades de Judá vinieron a pedir ayuda a Jehová».

10-Ayunamos para morir a los deseos de nuestra carne: Salmo 109.24: «Mis rodillas están debilitadas a causa del ayuno, y mi carne desfallece por falta de gordura».

11-Ayunamos para recibir el llamado al ministerio: Hechos 13.2: «Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado».

12-Ayunamos para ser enviados al ministerio: Hechos 13.3, 4: «Entonces, habiendo ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron. Ellos, entonces, enviados por el Espíritu Santo, descendieron a Seleucia, y de allí navegaron a Chipre».

Tomado del libro “La Vida Espiritual Victoriosa” por Josue Yrion. (p. 237-242)

1-Que nuestras iniquidades vendrán sobre nosotros

Números 32.23: «Mas si así no lo hacéis, he aquí habréis pecado ante Jehová; y sabed que vuestro pecado os alcanzará».

2-Que cada uno es responsable de sus pecados

Deuteronomio 24.16: «Los padres no morirán por los hijos, ni los hijos por sus padres; cada uno morirá por su pecado».

3-Que cada uno es responsable de su justicia o injusticia

Ezequiel 18.20b: «…la justicia del justo será sobre él, y la impiedad del impío será sobre él».

4-Que cada uno dará cuenta de su propio pecado

2 Reyes 14.6b: «No matarán a los padres por los hijos, ni a los hijos por los padres, sino que cada uno morirá por su propio pecado».

5-Que cada alma que se pierde espiritualmente lo hace por su propia voluntad

Ezequiel 18.4: «He aquí que todas las almas son mías; como el alma del padre, así el alma del hijo es mía; el alma que pecare, esa morirá».

6-Que es necesario el arrepentimiento del pecado

2 Crónicas 7.14: «Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra».

7-Que somos envueltos y presos por nuestros propios pecados

Proverbios 5.22: «Prenderán al impío sus propias iniquidades, y retenido será con las cuerdas de su pecado».

8-Que Dios puede olvidarse de nuestros pecados de la mocedad

Salmo 25.7: «De los pecados de mi juventud, y de mis rebeliones, no te acuerdes; conforme a tu misericordia acuérdate de mí, por tu bondad, oh Jehová».

9-Que Dios sabe que nos hemos rebelado contra Él desde nuestra juventud

Jeremías 3.25: «Yacemos en nuestra confusión, y nuestra afrenta nos cubre; porque pecamos contra Jehová nuestro Dios, nosotros y nuestros padres, desde nuestra juventud y hasta este día, y no hemos escuchado la voz de Jehová nuestro Dios».

10-Que Dios por medio de Jesucristo perdona nuestras iniquidades

Isaías 1.18: «Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana».

11-Que Dios quita nuestros pecados

Romanos 11.27: «Y este será mi pacto con ellos, cuando yo quite sus pecados».

12-Que Dios nos limpia de nuestros pecados

Isaías 6.7: «Y tocando con él sobre mi boca, dijo: he aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado».

13- Que Dios en su tiempo nos perdona de nuestros pecados

Isaías 40.2: «Hablad al corazón de Jerusalén; decidle a voces que su tiempo es ya cumplido, que su pecado es perdonado; que doble ha recibido de la mano de Jehová por todos sus pecados».

14-Que Dios se olvidará de todos nuestros pecados

Isaías 38.17: «He aquí, amargura grande me sobrevino en la paz, mas a ti agradó librar mi alma del hoyo de corrupción; porque echaste tras tus espaldas todos mis pecados».

15-Que Dios borrará definitivamente nuestros pecados

Isaías 43.25: «Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados».

16-Que Dios no se acordará más de nuestros pecados

Jeremías 31.34c: «…porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado».

17-Que Dios por su misericordia nos perdona

Miqueas 7.18: «¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia».

18-Que Dios echará lejos de nosotros nuestros pecados

Miqueas 7.19: «Él volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados».

19-Que Dios no hará aparecer ni encontrará nuestros pecados

Jeremías 50.20: «En aquellos días y en aquel tiempo, dice Jehová, la maldad de Israel será buscada, y no aparecerá; y los pecados de Judá, y no se hallarán; porque perdonaré a los que yo hubiere dejado».

20-Que Dios nos purifica de todo pecado y de inmundicia

Zacarías 13.1: «En aquel tiempo habrá un manantial abierto para la casa de David y para los habitantes de Jerusalén, para la purificación del pecado y de la inmundicia».

21-Que Dios nos limpia y perdona para siempre nuestros pecados

Jeremías 33.8: «Y los limpiaré de toda su maldad con que pecaron contra mí; y perdonaré todos sus pecados con que contra mí pecaron, y con que contra mí se rebelaron».

22-Que debemos como cristianos estar muertos al pecado

Romanos 6.11: «Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro».

23-Que el pecado no debe dominarnos

Romanos 6.14: «Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia».

24-Que el pecado tiene su precio

Romanos 6.23: «Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro».

25-Que todos hemos pecado

Romanos 5.12: «Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron».

26-Que por el pecado vino la muerte

Romanos 5.21: «para que así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro».

27-Que ya fuimos libertados del pecado

Romanos 6.18: «Y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia».

28-Que somos libres y victoriosos sobre el pecado por Cristo

Romanos 8.2: «Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte».

29-Que el que practica el pecado es siervo del pecado

Juan 8.34: «Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado».

30-Que el pecado nos llevará a la muerte espiritual

Romanos 6.16: «¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para la muerte, o sea de la obediencia para la justicia?»

31-Que nuestros pecados han sido redimidos por la sangre de Cristo

Efesios 1.7: «En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia».

32-Que es necesario purificarnos de los pecados pasados

2 Pedro 1.9: «Pero el que no tiene estas cosas tiene la vista muy corta; es ciego, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados».

33-Que debemos despojarnos de todo pecado

Hebreos 12.1: «Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante».

Tomado del libro “La Vida Espiritual Victoriosa” por Josue Yrion. (p. 65-72) Todos derechos reservados.

Romanos 8.2 declara: «Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte» (énfasis añadido por el autor). La expresión ha librado proviene del vocablo griego eleutheroo que significa «libertar, liberación, remitir, redimir, dejar en libertad». En el Nuevo Testamento esa palabra se usa exclusivamente para referirse a la obra de Cristo de liberar, traer liberación a los creyentes del pecado. Cuando usted conoció a Cristo, Él le perdonó, rescató de su antigua vida de pecados, le redimió de la maldición y lo puso en libertad. Pero ahora empezará una lucha sin cuartel entre su carne y su espíritu, que combatirán dentro de usted. El poder de Dios, por medio del Espíritu Santo, le proporcionará fuerza para vencer mientras que la carne tratará de hacerle pecar sucumbiendo a la tentación, como se mencionó anteriormente. Romanos 8.8 declara: «Y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios»; usted por la fe puede vencer a la carne, la tentación y el pecado. Alguien dijo que en realidad la tentación no es pecado, pecar es ceder a la tentación, así que para no pecar es necesario vencer y ser liberado de la tentación, sólo así será libre de pecado; una cosa lleva a la otra. Es como el eslabón de una cadena que debe ser roto, así, la tentación debe ser destruida, vencida por la sangre de Cristo y su poder.

El Reverendo J. Alexander Clark, un misionero escocés que laboró en África, cuenta una experiencia que tuvo con un africano que estuvo a punto de morir cuando fue atacado por una leona; Clark estuvo con él hasta que sanó y pudo irse por su propia cuenta, tres meses después el africano regresó a donde estaba el misionero, le dijo: «Usted conoce las leyes de la jungla, de la selva africana que dictan que el redimido pertenece a su redentor; en este caso yo soy el redimido porque usted me salvó de la muerte y usted es mi redentor. Yo estaba casi muerto, usted me salvó la vida, ahora estoy vivo; aquí estoy junto a mi esposa, mis hijos, mi ganado y todo lo que tengo, yo le pertenezco a usted, haga de mí lo que usted quiera». Lo mismo sucede con nosotros, usted y yo pertenecemos a nuestro Señor Jesucristo, Él es nuestro redentor, nuestro Salvador; Él nos liberó de la muerte eterna, sanó las heridas de nuestro pasado que el pecado había causado, por tanto nosotros somos de Él. Fuimos redimidos por Su sangre, tenemos a un nuevo Maestro y Señor; la Escritura lo confirma en 2 Corintios 5.15: «Y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos».

Pertenecemos a Cristo, somos parte de su reino, somos extranjeros y peregrinos aquí en la tierra, estamos en camino a la vida eterna en los cielos junto al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. De la misma manera que el misionero Clark físicamente salvó de la muerte y limpió las heridas del africano, Cristo lo hizo por nosotros espiritualmente, pues Efesios explica: «Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y PECADOS» (mayúsculas agregadas por el autor). Usted fue, por la fe, liberado del pecado. Si todavía hay áreas de debilidad en su vida cristiana que aún permanecen a su vida pasada y que le hacen ceder al pecado, usted puede ser libre. Romanos 6.6 dice: «Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre (vida pasada) fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo de PECADO sea destruido, a fin de que no sirvamos más al PECADO» (interpretación y mayúsculas añadidas por el autor). ¡Aquí está su victoria! Su vida pasada ya murió, usted es una nueva criatura en su alma, cuerpo y espíritu; usted ya fue liberado del pecado.

Lea nuevamente Romanos 6.11: «Así también vosotros, consideraos muertos al PECADO, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro» (mayúsculas agregadas por el autor). La tentación y el pecado le asecharán continuamente en todos los miembros de su cuerpo, en sus deseos carnales, en su mente, pensamientos, actitudes, palabras, etc., pero usted puede vencer y ser liberado de todo esto. Romanos 6.12 reitera: «No reine, pues, el PECADO en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias» (mayúsculas agregadas por el autor). Usted ya ha sido libre del pecado por la obra redentora del Calvario. ¿Y cuál es la base bíblica que usted tiene para reclamar esta promesa? Romanos 6 una vez más aclara: versículo 18: «Y libertados (liberados, libres) del PECADO, vinisteis a ser siervos de la justicia». Versículo 22: «Mas ahora que habéis sido LIBERTADOS del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación y como fin, la vida eterna » (mayúsculas e interpretación agregadas por el autor). ¡Alabado sea Dios que ya fuimos libres!

Tomado del libro “La Fe que Mueve la Mano de Dios” por Josue Yrion. (p. 44-47) Todos derechos reservados.

El salmo 144.1-2 nos anima cuando dice: «Bendito sea Jehová, mi roca, quien adiestra mis manos para la batalla, y mis dedos para la guerra; misericordia mía y mi castillo, fortaleza mía y mi LIBERTADOR » (mayúsculas añadidas por el autor). La Biblia nos habla que el Señor le enseñará, adiestrará, le preparará para la batalla en contra de la tentación y que Él le llevará a la guerra prometiendo ser su libertador, traerle protección en las áreas débiles, en cuanto a lo moral se refiere, de su vida. El diablo le bombardeará con pensamientos y le tentará para hacerle caer en lo mismo de su vida pasada, o quizá, hacerle experimentar por curiosidad lo que usted nunca hizo antes; usted debe resistir firme en la fe, de acuerdo con lo que la Palabra indica en Santiago 4.7: «Someteos, pues a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros».

Muchos hombres y mujeres cristianos me escriben por correo postal y electrónico que no pueden vencer el problema de la tentación sexual, sucumben a la masturbación; el problema no está en la masturbación, pues atacarla directamente es vano e improductivo; es necesario atacar la raíz del problema, es decir, cerrar la puerta a lo que usted está viendo, sean imágenes pornográficas en revistas, videos o por Internet. En primer lugar, el problema está en sus ojos, la mente absorbe lo que usted está viendo; una vez que se vence la tentación de mirar lo ilícito, por el poder de la sangre de Cristo, sus ojos son limpios y libres, su mente seguirá el mismo curso y será libre de la tentación sexual así como de lo que le hace fracasar; tendrá una mente sana, pura, limpia y llena del Espíritu Santo. Ciertamente, Jesús, al referirse a esto, dijo: «Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón. Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti, pues mejor es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno. La lámpara del cuerpo es el OJO; así que, si tu OJO es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; pero si tu OJO es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas?» (Mateo 5.28 y 6.22-23 mayúsculas añadidas).

Durante la Segunda Guerra Mundial, Inglaterra estuvo muy cerca de caer en manos de los nazis alemanes; Hitler casi exterminó el ejército británico en Dunkirk, las tropas alemanas bombardearon durante toda la noche. Inglaterra estaba a punto de ser conquistada, pero en medio de la oscuridad de la noche, Winston Churchill salvó a la nación inglesa; tomó los micrófonos de la radio y habló al país estas profundas palabras que trajeron ánimo a los corazones y la victoria al ejército de Inglaterra: «Nosotros iremos a luchar y defender a nuestra isla sea cual sea el costo, nosotros lucharemos por todos los lados, lucharemos en las playas, lucharemos en los campos, lucharemos en las calles de las ciudades, lucharemos en las montañas, lucharemos día y noche hasta obtener la victoria y seguiremos luchando, porque jamás nos rendiremos a nuestros enemigos». Esto es exactamente lo que nosotros debemos hacer en cuanto a la tentación sexual en nuestras vidas: luchar, batallar, hacer guerra. Luchar contra nuestros ojos de lascivia, contra nuestra mente con imágenes ilícitas, frente a nuestros pensamientos impuros, contra nuestros deseos carnales, luchar, luchar y luchar, hasta vencer. El enemigo nos bombardeará con la tentación en varias formas, empezando con nuestros ojos hasta llegar a nuestra mente, con los pensamientos, en el intento de que nosotros podamos caer vencidos en sus manos. Toda la vida el diablo nos buscará para hacernos caer. Así como el Primer Ministro Winston Churchill habló a los ingleses y obtuvieron la victoria, de la misma manera la Palabra de Dios nos habla y alienta en 1 Corintios 10.13: «No os ha sobrevenido ninguna TENTACIÓN que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser TENTADOS más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la TENTACIÓN la salida para que podáis soportar» (mayúsculas agregadas). ¡Aquí está la promesa del Señor! Dios nunca permitirá algo que esté más allá de nuestras fuerzas; es imposible, Él no puede ir contra su Palabra.

Al ser tentado, si piensa que no puede vencer, corra a los pies de Cristo y arrodillado, en oración, reprenda en su mente todo espíritu tentador que venga a hacerle caer. Si fracasa en algún momento, no se desanime, vuelva a Él con arrepentimiento. Él le perdonará. Intente nuevamente, levántese y siga caminando. La vida cristiana es una batalla espiritual constante, así será hasta que estemos en su presencia. Siga luchando y por la fe vencerá la tentación; si le falla a Cristo en alguna ocasión con sus ojos y pensamientos, vuelva a Él inmediatamente con lágrimas, sollozos, en verdadero arrepentimiento; Él le recibirá y jamás le rechazará. Él entiende su lucha: No huya de Él, corra a Él, no se vaya de Él, vaya a Él. Tome las armas de la oración, el ayuno, la lectura diaria de la Palabra de Dios; viva una vida recta, limpia y verá que será un gran vencedor en Cristo Jesús. La liberación de la tentación sexual está prometida en las Escrituras para usted. Solamente tome posesión de lo que Cristo ya hizo. Examine lo que dice 2 Corintios 10.4-5: «Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios y llevando cautivo todo PENSAMIENTO a la obediencia a Cristo». Usted puede, por fe, llevar todo pensamiento impuro cautivo a la obediencia en Cristo. Las armas disponibles para usted son poderosas, capaces de destruir toda obra tentadora a su vida. Crea en la Palabra. Debe saber que todos, alrededor del mundo, enfrentamos tentaciones seamos congregantes o ministros. Observe lo que dice 1 Pedro 5.9: «Al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos (tentaciones) se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo» (sinónimo agregado por el autor). Millones han recibido liberación, han sido libres por la fe y siguen disfrutando de esta libertad victoriosa. Usted también puede. ¡Sea libre!

Tomado del libro “La Fe que Mueve la Mano de Dios” por Josue Yrion. (p. 40-44) Todos derechos reservados.

«He aquí que no se ha acortado la mano de Jehová para salvar, ni se ha agravado su oído para oír» (Isaías 59.1).

Hechos 2.21 cita: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo». Muchos años atrás, un famoso y escéptico abogado norteamericano dictaba conferencias contra el cristianismo. Después de algún tiempo, en cierta ocasión él llegó a una congregación y pidió hablar con los líderes porque deseaba incorporarse, habló muy entusiasmado de su fe en Cristo. Asombrado, el pastor le preguntó cuál había sido el motivo de su transformación, pues él lo conocía por ser un gran adversario de la iglesia del Señor. El abogado habló de un juez que fue el responsable de su conversión; le explicó: «Yo miraba en su cara algo que no podía entender. Era una luz, un gozo y una paz tan real… Nosotros nunca hablamos de asuntos religiosos, mas el resplandor de su rostro me impresionó tremendamente. Durante algún tiempo, sin que él supiera, estudié su expresión con la misma determinación con la que estudio las evidencias en mi trabajo de abogado. La conclusión a la que llegué fue que tal resplandor en su rostro se debía a su devoción y la fe en el Señor Jesucristo. Esto fue exactamente lo que me convenció de la verdad del cristianismo. Entonces invoqué al Señor con humildad y entregué mi corazón a Cristo por medio de la fe, nací de nuevo».

Tal vez usted ya sea cristiano como este abogado, o quizá usted todavía no ha experimentado esta maravillosa transformación por medio de la conversión a Cristo. Todo ser humano necesita llenar el vacío de su corazón con algo, Tolstoi dijo: «Hay un vacío en el corazón del hombre que solamente Dios puede llenar». Muchos tratan de llenar este vacío por medio del dinero, otros con drogas, sexo, estudio, diversión, trabajo, deporte, viajes, etc., mas no lo pueden hacer, ¿por qué? Porque es un vacío de naturaleza espiritual, éste solo puede ser llenado por medio de la comunión del ser humano con su Creador, mediante la conversión por la fe en Cristo Jesús. Pero, ¿qué es realmente la fe? De tantas definiciones teológicas que hay se puede resumir, de manera sencilla que:

1. La fe se centra en Cristo.

Efesios 3.11, 12 cita: «Conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor, en quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él». La fe es Cristocéntrica. En Él tenemos seguridad, Él es la razón de nuestra fe. Colosenses 1.4 dice: «Habiendo oído de vuestra fe en Cristo Jesús». ¡La fe es en Él! No en nosotros mismos, ni en nuestra experiencia o en nuestra sabiduría, no en nuestra capacidad, sino en Él. Colosenses 2.5b también afirma: «…gozándome y mirando vuestro buen orden y la firmeza de vuestra fe en Cristo».

2.La fe se centra en la Palabra de Dios.

Romanos 10.17 explica: «Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios». Es por medio de leer, estudiar y escuchar la Palabra de Dios, que su fe crecerá. La fe no es tener una idea de que Cristo existe o saber algo sobre Cristo, es creer personalmente en Él; la fe no es un salto a la oscuridad, es la lógica de la Palabra de Dios que es alimentada y nutrida por su poder. La fe no es esperanza, ambas están relacionadas, mas no son lo mismo: esperanza es el deseo del corazón, fe es el fundamento; la esperanza dice: «Yo espero ir al cielo», la fe dice: «¡Yo iré al cielo!» La fe no es una emoción, es una convicción que da el Espíritu Santo. La fe no es un principio inerte, estático, quieto; la fe es viva, es real. Hebreos 4.12 declara: «Porque la palabra de Dios es viva y eficaz» (énfasis hecho por el autor). ¡Es viva! La palabra «eficaz » proviene del griego energes, de la cual se deriva la palabra «enérgico ». Energes es algo en acción: activo y efectivo, es lo opuesto de la palabra griega argos: «ocioso, inactivo e ineficaz». Ponga este concepto dentro de su mente, espíritu, alma y corazón: Si nuestra fe es una semilla viva, nacida de la confianza en Dios, nutrida por el Espíritu Santo y regada por la Palabra de Dios, ella producirá frutos en nuestras vidas. ¿Cuáles frutos? Gálatas 5.22, 23 esclarece: «Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, FE, mansedumbre y templanza» (mayúsculas agregadas por el autor).

La salvación a usted

Romanos 10.9, 10 manifiesta: «Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para la salvación» (énfasis añadido por el autor). La Palabra de Dios dice que usted debe creer en Cristo y entregarle su corazón, debe depositar su fe en su Palabra, aceptarlo como su Salvador y Señor. La palabra creyeres proviene del griego pisteuo, que es la forma verbal de pistis que es FE. Significa confiar en, tener fe en, estar plenamente convencido de, reconocer, depender de alguien. Pisteuo es más que creer en las doctrinas de la iglesia o en artículo de fe. Expresa dependencia y confianza personal: que viene después de la conversión por medio de la obediencia. El vocablo implica sometimiento a la voluntad de Dios y una confesión positiva del señorío de Jesús. Es por medio de la fe que usted podrá ser salvo y participar de la vida eterna. Es una fe personal en Cristo, usted se arrepiente de sus pecados, Él le perdona y escribe su nombre en el libro de la vida. Usted confiesa a Cristo como su Salvador y Señor, le entrega su corazón, entonces usted nace de nuevo espiritualmente.

Tomado del libro “La Fe que Mueve la Mano de Dios” por Josue Yrion. (p. 21-25) Todos derechos reservados.

«Aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra» (Salmo 139.10).

Proverbios 16.3 nos aconseja: «Encomienda a Jehová tus obras, y tus pensamientos serán afirmados» (énfasis añadido por el autor). Encomienda en hebreo es galal, que quiere decir «enrollar, rodar, y remover», en Génesis 29.3 galal se refiere a rodar (quitar) una piedra de la boca de un pozo. En Josué 5.9 se «rueda», se «quita» el oprobio de Egipto sobre Israel. En el versículo de Proverbios, particularmente, Salomón invita a sus lectores a «rodar o poner» sus obras al cuidado y a la GUÍA de Dios. La imagen es la de un camello que lleva una carga pesada, cuando hay que quitarla, el camello se arrodilla y se hecha de lado para que ésta ruede fuera de su lomo; de igual manera nosotros, para remover las cargas (decisiones importantes que tomamos) nos arrodillamos, pedimos la guía divina y «rodamos», nos «quitamos» de encima toda preocupación y ansiedad del peso que oprime nuestro espíritu y lo ponemos a los pies de Cristo, al postrarnos en oración.

Realmente en el mundo tan confuso que estamos viviendo necesitamos la guía divina en todas las áreas de nuestra vida. La Palabra de Dios, el Espíritu Santo, el ayuno y la oración, nos guiarán a la dirección de Dios para cumplir con las responsabilidades de nuestra vida. David conocía la necesidad de ser guiado por Dios y que solamente el Señor le podía dar paz en las decisiones que él tenía que hacer, el salmo 23.2 dice: «En lugares de delicados pastos me hará descansar (del peso y de la carga), junto a aguas de reposo me pastoreará (me guiará, me enseñará, velará sobre mí)» (interpretación añadida).

La guía divina es prometida al obediente, al cristiano que sinceramente busca al Señor hasta encontrarlo. Nunca tome una decisión importante sin antes consultar a Dios, solamente Él sabe lo mejor para usted y a veces lo que parece bien a nuestros ojos no es lo que la perfecta voluntad de Dios tiene para nosotros. Recuerde la humildad del rey David cuando procuraba saber lo que Dios quería sobre sus decisiones, vea lo que él dijo en Salmos 143.10: «Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios (un Dios personal que él conocía); tu buen espíritu me GUÍE a tierra de rectitud (a tomar decisiones correctas)» (mayúsculas e interpretación hechas por el autor). David había aprendido a confiar y depender del Señor en todas las áreas de su vida, usted encontrará en las Escrituras que varias veces David consultó al Señor y buscó su guía, aún para salir en batalla contra sus enemigos; revise 1 Crónicas 14.10: «Entonces David consultó a Dios, diciendo: ¿Subiré contra los filisteos? ¿Los entregarás en mi mano? Y Jehová le dijo: Sube, porque yo los entregaré en tus manos».

Las Escrituras dicen que David venció a sus enemigos bajo la dirección y la guía del Señor, esto es exactamente lo que nosotros debemos hacer ante decisiones importantes, buscar el rostro del Señor en oración y permanecer allí hasta que Él nos hable. En la misma historia de David, dice que los filisteos regresaron a pelear con él y David, humildemente, sin apoyarse en su experiencia militar de muchos años volvió a buscar la guía divina para enfrentar nuevamente los filisteos; 1 Crónicas 14.14 relata: «David volvió a consultar a Dios, y Dios le dijo: No subas tras ellos, sino rodéalos, para venir a ellos por delante de las balsameras». David buscó al Señor y Él le volvió a contestar, esta vez le dio una estrategia diferente y David volvió a vencer por medio de la guía divina que le fue proporcionada por medio de su búsqueda, para tomar la decisión correcta. David sabía que necesitaba de la guía divina contra sus enemigos, el salmo 5.8 dice: «Guíame, Jehová, en tu justicia, a causa de mis enemigos; endereza delante de mí tu camino».

Nosotros tenemos enemigos espirituales, huestes diabólicas de maldad que combaten contra nosotros y no podemos apoyarnos en nuestra propia sabiduría y experiencias pasadas, debemos saber que para cada situación Dios tiene una respuesta diferente. He aprendido en mi vida y en el ministerio que Dios no contesta de la misma manera cuando se repite una misma prueba o circunstancia. Él tiene formas diferentes que nos enseñan a crecer y madurar, una de ellas es mediante su guía divina; si nos proponemos buscarle y nos acercamos a ÉL, por fe Él nos guiará hacia la meta.

Tomado del libro “La Fe que Mueve la Mano de Dios” por Josue Yrion. (p. 125-128) Todos derechos reservados. 

Lucas 11.9-10: «Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama se le abrirá». La razón que oramos es porque Él nos oye y recibiremos lo que hemos pedido e iremos a hallar la respuesta y se abrirá lo que está cerrado. Sean cuales fueren las circunstancias y no importa cual sea el problema o la necesidad, es importante orar. Sus oídos están atentos a nuestra oración. Isaías 65.24 nos promete: «Y antes que clamen, responderé yo; mientras aún hablen, yo habré oído». ¡Esta es su promesa! Podremos estar confiados que Él nos contestará. Esté seguro que Dios ha oído su oración. Él, en su eterna sabiduría, traerá la respuesta a su tiempo. Todo lo que tenemos que hacer es esperar y permanecer en fe en el secreto de la oración eficaz. Los motivos para orar son muchos. Cada uno de nosotros tiene razones para hacerlo.

Nuestros países necesitan un avivamiento y los gobernantes necesitan de Cristo. Necesitamos orar por leyes inmigratorias justas y que millones de personas y de hermanos en Cristo puedan arreglar su situación inmigratoria de una manera legal y correcta. Tenemos que orar por el bien de la economía mundial para que haya millones de dólares para el envío de los misioneros.

Necesitamos orar para tener una buena salud y orar por aquellos que están enfermos. Hay que orar para la edificación de la iglesia, el crecimiento espiritual del pueblo de Dios y por la reconciliación de los descarriados. Orar por Israel y por la conversión de sus enemigos. Orar por el avance de la causa de las misiones mundiales en que más candidatos se apunten para ir al campo. Orar por los ministros, sean misioneros, pastores, evangelistas, profetas o ministros de alabanza. Necesitamos orar por nuestros familiares, nuestras esposas, nuestros hijos, por los trabajos, por la paz, por bendición y por prosperidad divina.

Debemos orar también por la salvación de billones de personas en todos los continentes que aún están perdidas. Orar en contra del aumento de la inmoralidad, de la promiscuidad, del aborto, del alcoholismo, del crimen, de la violencia, de la proliferación de las drogas. Ed Silvoso, en su bello libro That None Should Perish [Que nadie se pierda], habla de la oración haciendo el siguiente cometario muy apropiado en relación con aquellos que no conocen a Cristo: «La oración es la forma más tangible de la eternidad en el corazón humano. La oración intensa y profunda a favor de la salvación de los perdidos es la mejor manera para llevarlos a que sus ojos sean abiertos y reciban la luz del evangelio». En Hechos 26.18 el Señor Jesucristo habla a Pablo en relación con su ministerio: «…para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados».

La oración tiene el poder de llevar a la conversión a nuestros familiares y a todos aquellos que oyeren el evangelio de Cristo. Los motivos por los que oramos son muchísimos. Es necesario pues que oremos, sea individual o corporalmente como iglesia. Anatoli Levitin, historiador y escritor ruso, estuvo preso varios años en el gulac siberiano en la ex Unión Soviética. Él tenía razones suficientes por qué orar, pues a veces sus peticiones parecían congelarse a una temperatura de 70 grados bajo cero. Pero Levitin se fortaleció espiritualmente, y escribió: «El mayor de todos los milagros es la oración. Solamente tengo que volverme mentalmente a Dios e inmediatamente siento un poder y una fuerza que vienen a mí de alguna parte, y entran en mi alma y en todo mi ser. ¿Qué es? ¡Es el poder de la oración! ¿De dónde podría yo, un anciano insignificante y cansado, conseguir esta fuerza y poder que me renueva y me salva, elevándome por sobre la tierra? Viene de mí hacia afuera y no hay fuerza en el mundo que pueda resistir el poder de la oración ».

¡Qué maravilloso es este poder que podemos experimentar por medio de la oración! Así como Levitin, nosotros podemos elevar nuestras almas y entrar en la dimensión del Espíritu en la propia presencia de Dios y recibir poder y autoridad para sobrellevar las cargas, pruebas y tribulaciones que se nos presenten. El poder de Dios se manifiesta de varias formas y maneras diferentes. Y uno de los secretos del poder de Dios reside en la oración. Es necesario obtener el poder de Dios en nuestras vidas para vivir abundantemente y en victoria. ¿Y qué beneficios y bendiciones podremos recibir, por medio de la oración, del poder de Dios en nuestras vidas?

 

-Tomado del libro "El Secreto de la Oración Eficaz" por Josue Yrion. (115-128)

1 Timoteo 2.8a: «Quiero pues que los hombres [y las mujeres] oren en todo lugar…» (añadido e itálicas del autor). El apóstol Pablo dice que debemos orar en todo lugar. Personajes bíblicos tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento oraron en muchos diferentes y distintos lugares: Profetas, reyes y sacerdotes oraron en sus camas cuando estaban enfermos y angustiados; en el templo, afuera, en el campo, en la guerra. Nuestro Señor Jesucristo oró en lugares solitarios, en lugares retirados, con sus doce discípulos, con los tres discípulos más cercanos; en casas, en la calle donde enseñó a orar a sus discípulos; en la última cena, en el huerto de Getsemaní y aun en la cruz. Hechos 5.42 dice que el pueblo de Dios y los apóstoles predicaban y oraban en las casas. En Hechos 10.9 dice que Pedro oró en la azotea de una casa. Hechos 12.5 dice que en la iglesia oraban por él. Hechos 21.5 dice que Pablo oró en la playa. Hechos 3.1 dice que Pedro y Juan iban juntos a orar en el templo. Hechos 16.13 dice que Pablo y Timoteo oraron junto al río. Usted encontrará muchos otros ejemplos en las Escrituras. Lo importante es orar. No importa dónde ni a qué hora. Dios es Espíritu y su presencia está en cualquier lugar de la tierra y del universo. Juan 4.23-24: «Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán [oraran] al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren [oren]» (añadido e itálicas del autor).   

 

-Tomado del libro "El Secreto de la Oración Eficaz" por Josue Yrion. (115-128)

Salmos 5.3: «Oh Jehová, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré delante de ti y esperaré». Lo primero que debemos hacer al levantarnos es dar prioridad a Dios en la oración. Haciendo de esta manera, lo encontraremos durante todo el día. Él debe ser lo primero, lo más importante, la razón principal de empezar el día. Salmos 55.17: «Tarde y mañana y a mediodía oraré y clamaré, y él oirá mi voz». No solamente temprano, pero oraremos en todas las oportunidades y cuando nuestro tiempo lo permita: durante el día esporádicamente, en ocasiones diferentes o horarios distintos. Cada cristiano conoce su tiempo disponible para la oración. Es sabio hacer tiempo durante el día aun cuando el trabajo secular esté presente. Nosotros los ministros somos personas muy ocupadas, pero debemos buscar el momento propicio para orar….También en nuestra mente y espíritu podemos orar en todo momento y mantener esta dulce comunión con el Señor.   

 

-Tomado del libro "El Secreto de la Oración Eficaz" por Josue Yrion. (115-128)

 

Mateo 6.7-13: «Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos. No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros lo pidáis. Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos…» De allí hasta el versículo 13 Cristo enseñó a sus discípulos a orar, en lo que nosotros conocemos como «el Padrenuestro». Jesús dijo que no usáramos palabras sin sentido, sino que oráramos específicamente, con motivos, razones, propósitos y con eficacia para ser oídos. No todas las oraciones son iguales, pues hay muchos diferentes tipos para distintas necesidades y problemas y son presentadas en varios niveles de autoridad en la esfera espiritual. Cada creyente y cada ministro posee una vida de oración única y un nivel específico de influencia en el mundo espiritual y posee un grado de efectividad de acuerdo con su madurez y poder en su vida personal. Pero deseo ser breve en cuanto a la manera de orar y proveer solamente lo más importante que yo creo sobre cómo orar con efectividad y alcanzar grandes resultados y bendiciones al hacerlo. Por lo tanto:

  • 1. Ore con fe y confianza Hebreos 11.6: «Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios [en oración] crea que le hay [que Él existe], y que es galardonador de los que le buscan [oran a Él]» (añadidos e itálicas del autor). Fe es creer que Dios va a contestar la oración. Usted debe compartir y testificar con los demás cuando Dios le contesta, edificando así la fe de los oyentes y de toda la iglesia. He conocido iglesias donde en la pared están escritas a un lado las peticiones y aun fotos de personas en pedacitos de papel. Del otro lado están igualmente los pedacitos de papel que contienen la respuesta que han recibido de parte de Dios. Esto estimula y anima a todos a orar con fe al ver que si Dios responde. Santiago 5.15: «Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados». ¿Ve usted? Es la oración hecha en fe que obtendrá los resultados. Quien ora dudando, con falta de fe y en incredulidad, no recibirá nada de parte de Dios. 
  • 2. Ore en el centro de la voluntad de Dios 1 Juan 5.14: «Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye». Debemos orar específicamente de acuerdo con la voluntad de Dios. Él no le concederá algo que no está en su voluntad. ¡Esté seguro de esto! He tenido experiencias de que Dios me ha concedido lo que en su corazón estaba, pero que en otras ocasiones aunque he orado y aun he ayunado por ciertas peticiones no las he recibido. Más tarde me he dado cuenta que no era su voluntad y en muchas ocasiones he sabido que era su voluntad pero que no era el tiempo adecuado para recibir la respuesta. Por esto es necesario que: 
  • 3. Ore con discernimiento Eclesiastés 8.5b, 6a: «…y el corazón del sabio [del creyente] discierne el tiempo y el juicio. Porque para todo lo que quisieres [en oración] hay tiempo y juicio…» (añadidos e itálicas del autor). Pida a Dios que el Espíritu del discernimiento sea real y efectivo en el momento de la oración. Porque discernirá su oración y sabrá el tiempo correcto para todas las cosas. 
  • 4. Ore con un corazón puro Salmos 66.18: «Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Señor no me habría escuchado». La efectividad de la oración tiene que ver con el nivel de intimidad que tenemos con Dios. Cuanto más cerca estamos de Él, menos iremos a abrigar en nuestros corazones algún delito u ofensa que nos aparte de su presencia. Si permitimos alguna cosa que se interponga entre nosotros y Dios, tales como algún pecado no confesado, actitudes equivocadas, motivos cuestionables, palabras que hemos dicho, falta de perdón, celos, envidia, orgullo, soberbia, etc., no podremos sostener una relación de intimidad con el Señor. Si esto ha sucedido en su vida, tome una acción inmediata y remueva cualquier cosa que esté impidiendo su oración y vuelva a tener un corazón puro donde Dios pueda fluir en usted por medio de la oración. 
  • 5. Ore con perseverancia Hechos 1.14a: «Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego…». Muchos creyentes se desaniman muy rápido cuando no obtienen las respuestas que desean. En mi propio caminar con Cristo he tenido que perseverar por días, semanas, meses y años hasta ver la contestación, tanto en mi vida personal como ministerial. La persistencia nos traerá el desarrollo del carácter, conocimiento, dominio propio, paciencia y madurez. Colosenses 4.2a: «Perseverad en la oración… ». Las Escrituras y los libros de biografías de los héroes de la fe del ayer y de hoy nos proporcionan un gran número de creyentes que por medio de la perseverancia y persistencia en la oración alcanzaron lo que deseaban. 
  • 6. Ore con poder y autoridad Hechos 4.31: «Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo [poder y autoridad] la palabra de Dios» (añadido e itálicas del autor). El poder del Espíritu Santo nos llevará a orar con autoridad. Dice que el lugar tembló, o sea, fue el resultado de la presencia del Espíritu Santo que causó esta conmoción y los llevó a predicar con denuedo la Palabra. Cuando oramos, debemos pedir la guía y el respaldo del Espíritu para hacerlo con efectividad. Si lo hacemos, descubriremos el secreto de la oración eficaz. 
  • 7. Ore con una vida recta Proverbios 15.8: «El sacrificio de los impíos es abominación a Jehová; mas la oración de los rectos es su gozo». 
  • 8. Ore con una vida santa 1 Timoteo 2.8: «Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos santas, sin ira ni contienda».

 

-Tomado del libro "El Secreto de la Oración Eficaz" por Josue Yrion. (115-128)

Es muy importante saber a quien orar. Muchos no saben a quien dirigir sus plegarias y aun algunos cristianos no saben la manera correcta de hacerlo. En primer lugar, debemos orar a Dios Padre. Mateo 6.6 dice: «Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento y cerrada la puerta, ora a tu Padre…». También la Escritura nos dice en Juan 16.23: «De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidieres al Padre…». En segundo lugar, debemos orar en el nombre del Hijo, Jesucristo. Cristo dijo en Juan 14.14: «Si alguno pidiere en mi nombre, yo lo haré». También Cristo habló en Juan 16.24 lo siguiente: «Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido». Y en tercer lugar, debemos orar pidiendo la ayuda del Espíritu Santo. En Romanos 8.26-27 leemos: «Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu Santo mismo intercede con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos [la iglesia] (itálicas del autor)». Debemos orar pues, a Dios nuestro Padre; en el nombre del Hijo, el Señor Jesucristo; y con la ayuda y la dirección del Espíritu Santo. No a alguna persona, imagen, estatua o santo. De acuerdo con las Sagradas Escrituras, la Santísima Trinidad completa se involucra en nuestro orar y en nuestro pedir.

 

-Tomado del libro "El Secreto de la Oración Eficaz" por Josue Yrion. (115-128)

Filipenses 4.6 nos da la respuesta: «Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias». La oración es sencillamente petición, ruego, súplica, plegaria, intercesión. Es la forma y la vía de comunicarnos con Dios y tener comunión con Él. Es la manera en que, por medio de Cristo, tenemos entrada y acceso al tercer cielo donde está el Señor Dios Todopoderoso. Peter Wagner refiriéndose a la oración dice: «La oración es la vía por la cual nos tornamos unidos con Dios a tal grado que Él puede fluir fácilmente en nuestros asuntos y de la misma manera nosotros podemos fluir libremente en los asuntos espirituales de Dios». Desde el Génesis hasta el Apocalipsis las Escrituras están llenas de ejemplos de distintas oraciones hechas por diferentes personajes en diversas ocasiones y de cómo Dios se las contestó a cada uno en su tiempo. Cuando leemos la Palabra de Dios, la Biblia, Dios habla con nosotros, pero cuando oramos nosotros hablamos con Dios. Derramamos nuestra alma y ser delante de Él y le dejamos saber lo que está en nuestros corazones, así como un hijo habla a su padre y el padre habla a su hijo. No hay nada más extraordinario que doblar las rodillas y orar en el Espíritu mientras nuestras lágrimas descienden de nuestra mejilla y aún más grande es saber que Dios nos está oyendo y que Él está más cerca que nuestra propia respiración.

 

-Tomado del libro "El Secreto de la Oración Eficaz" por Josue Yrion. (115-128)

Según el Padre nos de seguiremos aumentando esta lista para continuar siendo edificados. Si quiere recibir una notificación cuando haya nuevo contenido en SabiduríayCiencia.com déjenos su email o un WhatsApp con su nombre.

Comments and Responses